
Los que estuvieron en el enlace matrimonial de la Gran Duquesa María con el Príncipe Francisco Guillermo de Prusia, dijero que fué como volver atrás en el tiempo. Como si de 1976 se hubieran transportado a los primeros años del siglo XX para vivir en carne propia un baile en la Corte Imperial de San Petersburgo. Los Romaov que tanto habían sufrido desde la famosa masacre de Ekaterimburgo y que tan ridiculizados quedaron tras la Revolución; volvieron a nacer esa noche, resurgieron de sus cenizas cual ave fénix, para vovler a ser lo que antaño fueron: LA ENVIDIA DE TODA EUROPA. Estuvieron 58 años retirados prácticamente de la vida pública, no acudían a eventos sociales, ni reuniones con la realeza. No eran capaces de perdonar a sus primos y parientes reales de no salvarles de aquella suerte atroz, pero esta no era la razón principal de su exilio obligado y voluntario: una nube cubrió sus almas y sus corazones después de aquella noche en la que tanats vidas fueron destrozadas...Muchos se negaron a creer y reconocer lo ocurrido, como el caso de la Emperatriz Viuda, que murió 10 años después de la masacre sin reconocer la muerte de su hijo, nuera, nietos, sobrinos, cuñados y primos. Todos se sumieron en un luto continuo y todos siguieron venerando aquel pasado que brillaba como un diamante opaco...
Esa noche de 1976 toda la realeza la recuerda como un acontecimiento importante, vieron a unos Romanov unidos de nuevo , seguros de si mismos y recuperados del destino cruento que Dios eligió para ellos.
En la foto observamos a la Gran Duquesa María con su marido. Como vemos María sacó para la ocasión una de las tiaras que pertenecieron a la Gran Duquesa María Pavlovna, bisabuela de la novia y esposa del Gran Duque Vladmiro, hijo del Emperador Alejandro II
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