miércoles, 23 de julio de 2008

ALFONSO XIII Y LOS ROMANOV

Alfonso XIII, Rey de España fué animado por su esposa, la Príncesa Victoria Eugenia del Reino Unido; a intervenir en la suerte de sus primos carnales: LOS ROMANOV, pero la suerte ya estaba echada.
El destino del zar y de su familia había quedado zanjado a mediados de julio de 1918 pero semejante circunstancia era ignorada por Alfonso XIII, que siguió insistiendo en su empeño de salvarlos. El 2 de agosto, documentos del ministerio francés de Asuntos Exteriores indican que estaban al corriente de las gestiones que en esos momentos realizaba el monarca español para salvar al zar. Al día siguiente, Alfonso XIII incluso podía enviar un telegrama a Victoria, hermana de la zarina, para informarle de que seguían las gestiones para salvar a Alejandra y a sus hijas. “Al parecer el zarevich ha muerto”, señalaba en ese mismo texto Alfonso XIII. En apariencia, había razones para la esperanza y el 8 de agosto, el ABC anunciaba que el gobierno bolchevique accedía a que la familia del zar viniera a España. Posiblemente animado por esas buenas perspectivas —totalmente ficticias como sabemos—, Alfonso XIII volvió a cablegrafiar a Jorge V y el 13 de agosto, al káiser. El telegrama dirigido al emperador alemán hacía referencia a la “desventurada familia del zar” e incluía la promesa de que los miembros de la casa real rusa se mantendrían al margen de la política hasta el final de la guerra. Tres días después, Alfonso XIII recibió un mensaje en clave de Berlín donde se indicaba que el gobierno del káiser no tenía inconveniente en que España recibiera a la familia del zar. El resto del mes de agosto estuvo caracterizado por una cierta euforia a la que se sumó el propio papa Benedicto XV, que estaba convencido del éxito de las gestiones españolas. El 25 de ese mes incluso llegó a anunciarse que el asunto había quedado resuelto con el gobierno soviético. La verdad es que todavía el 1 y el 5 de septiembre, Fernando Gómez Contreras, en representación del gobierno español, mantuvo sendas entrevistas en Petrogrado con el bolchevique Chicherin, uno de los ministros de Lenin. Las entrevistas —de las que informó puntualmente a sus superiores españoles— fueron un tenso tira y afloja en el que Chicherin afirmó que el gobierno leninista estaba dispuesto a poner en libertad a la familia del zar siempre que España lo reconociera como gobierno legítimo. Para aderezar las negociaciones, Chicherin se quejó incluso de lo mal que habían tratado las autoridades a Trotsky a su paso por España. Todavía el 15 de septiembre de 1918, Gómez Contreras envió una comunicación a España indicando que las conversaciones iban por buen camino. Sin embargo, no tardó en descubrirse la falacia. En septiembre aparecieron distintas noticias sobre el asesinato de la casa real y, lógicamente, se llegó a la conclusión de que los bolcheviques tan sólo estaban jugando con sus interlocutores para obtener alguna ventaja. En octubre de 1918, la Santa Sede se puso en contacto con el gobierno soviético a través del cónsul austro-húngaro en Moscú para saber qué había sido de la familia del zar. La respuesta fue que la zarina y sus hijas estaban en Ucrania —a la sazón libre del dominio bolchevique— y que, por lo tanto, ignoraban dónde se encontraban. Semejante versión volvería a ser utilizada a inicios de 1919 pero ya sin credibilidad alguna. Los blancos habían entrado en Yekaterimburg, habían buscado —infructuosamente— los cuerpos de la familia imperial y habían recogido testimonios más que suficientes del asesinato. El gobierno soviético no realizaría declaración oficial alguna sobre el tema pero para cualquiera éste había quedado trágicamente zanjado. Llegados a este punto, hay que preguntarse por qué las gestiones —verdaderamente incansables— de Alfonso XIII resultaron fallidas. La primera razón, obviamente, fue la indiferencia de las potencias mundiales en relación con la suerte de la familia imperial rusa. La republicana Francia decidió no mover un dedo para salvar al zar, y lo mismo sucedió con Estados Unidos, cuya opinión pública por otra parte era muy sensible desde hacía años a la propaganda anti-zarista que acusaba a Nicolás II de anti-semita. Sin embargo, no reaccionaron mejor las potencias monárquicas. Ni Guillermo II ni Jorge V hicieron esfuerzos por salvar a su pariente Nicolás II, una circunstancia aún peor en el caso del monarca británico, ya que Rusia podía haber firmado una paz por separado en 1916 y no lo hizo por la lealtad inquebrantable del zar hacia sus aliados. Finalmente, países pequeños como Dinamarca o Suecia hubieran deseado colaborar en esa tarea pero sólo recibieron frías respuestas de Gran Bretaña. Al fin y a la postre, sólo Alfonso XIII mantuvo sus gestiones hasta el último momento. Si éstas fracasaron, finalmente, fue porque los bolcheviques actuaron deslealmente con el gobierno español. De ellos había partido la orden de asesinar a los Romanov pero, aún así, no sólo ocultaron el hecho sino que además pretendieron usarlo para obtener concesiones de España. Sólo cuando las noticias sobre la matanza de Yekaterimburg se difundieron resultó imposible ocultar la realidad y continuar las negociaciones. Una última cuestión que debería analizarse es hasta qué punto el ejemplo de lo padecido por el zar influyó en la salida de Alfonso XIII de España en abril de 1931. Los motivos de su abdicación fueron varios y, ciertamente, los republicanos los aprovecharon hábilmente para, sin ninguna legitimidad, forzar la caída de la monarquía parlamentaria. Entre ellos, muy posiblemente, pudo pesar en el ánimo de Alfonso XIII el recuerdo de lo que había sucedido con Nicolás II y su familia. Ninguna potencia había movido un dedo para salvarlos, ni siquiera las monárquicas emparentadas con los Romanov. Esa pasividad se había traducido no sólo en los horribles asesinatos de la casa Ipatiev sino en el exterminio buscado y sistemático de buena parte de los familiares del zar derrocado. Difícilmente podía esperar más apoyo Alfonso XIII —a pesar de su labor humanitaria durante la guerra— y su familia si los republicanos españoles los encarcelaban.
En la foto podemos ver a un joven Rey Don Alfonso XIII y a su flamante esposa Vicotria Eugenia, nieta de la mítica y emblemática Reina Victoria de la Gran Bretaña e Irlanda.

viernes, 11 de julio de 2008

ASESINADOS CON ALEVOSIA (1918-2008)


Hacia la medianoche del 16, Yurovsky ordenó a los Romanov y sus acompañantes levantarse, diciéndoles que se les iba a volver a trasladar. Días antes, miembros de la policía secreta habían despedido a los dos Sednev y al marinero Nagorny con la orden conminatoria de marcharse sin hacer preguntas, circunstancia que los salvó de la carnicería que iba a tener lugar. Nicolas II, Alejandra Feodorovna, el Zarievitch, las grandes duquesas Olga, Tatiana, María y Amastasia, el Dr. Botkin, Anna Demidova, Trupp y Kharitonov bajaron al sótano de la casa por indicación de sus verdugos, que les dijeron que era para tomarles una foto antes de emprender viaje. Una vez allí, aparecieron Yurovski, Ermakov y otros bolcheviques más que descargaron inmisericordemente sus armas de fuego contra el indefenso grupo de personas y hasta el perrito de la familia, el spaniel Jimmy.
Consumado el crimen, los cadáveres fueron llevados a Koptiaki, donde se los arrojó a un pozo de mina y se les roció con ácido sulfúrico para evitar su eventual identificación. Todo en el proceder de los asesinos prueba una larga premeditación y la seguridad de obrar bajo protección oficial. Nadie en la Rusia de Lenin se hubiera permitido la libertad de disponer de las vidas de unos prisioneros de la categoría de los Romanov sin la aprobación de arriba. De hecho, todos fueron premiados por el régimen, que quiso honrar más tarde a Sverdlov, el autor directo de la mortal orden dada a Yurovski, rebautizando en su honor a la ciudad de Ekaterimburgo con el nombre de Sverdlovsk.
Ni comenzó ni terminó aquí el holocausto de los Romanov: el 12 de junio, el hermano de Nicolas II (en quien éste había abdicado), el gran duque Miguel Alexandrovitch, había sido abatido en Perm junto a su ayuda de cámara Johnson, aplicándoseles la «ley de fugas». Al día siguiente de la masacre de Ekaterimburgo, fueron arrojados a un pozo en Alapayevsk (en los Urales) y tiroteados, además de la gran duquesa Sergio (Isabel Feodorovna, nacida de Hesse-Darmstadt, hermana de la zarina Alejandra) y del príncipe Vladimiro Pavlovitch Paley (joven de 21 años, hijo del gran duque Pablo Alexandrovitch, tío menor de Nicolás II), los tres hijos del gran duque Constantino Constantinovitch –Iván, Constantino e Igor– y el gran duque Sergio Mikhailovitch, nieto del emperador Nicolás I. El 30 de enero de 1919, fueron fusilados en la fortaleza de San Pedro y San Pablo de Petrogrado, el gran duque Nicolás Mikhailovitch, nieto del emperador Nicolás I e insigne historiador (y ello a pesar de las protestas de Maxim Gorki ante Lenin), y el gran duque Jorge Mikhailovitch, ambos hermanos del gran duque Sergio; el mismo día y en la misma ciudad perecían el gran duque Pablo Alexandrovitch, padre del también asesinado príncipe Paley, y su primo el gran duque Constantino Nicolaievitch. La oportuna emigración de los otros miembros de la familia imperial o su precipitada marcha de Rusia en plena Revolución (como en el caso de la rocambolesca huida del gran duque Cirilo, abuelo de la actual pretendiente María Vladimirovna) salvó a la dinastía que pagó, con todo, su enorme cuota de sangre al comunismo.
ASESINATOS:
-Nicolas II,Alexandra Feodorovna, Zarevich Alexei Nicholaievich,Gran Duquesa Olga Nicholaievna,Gran Duquesa Tatiana Nicholaievna,Gran Duquesa Maria Nicholaievna,Gran Duquesa Anastasia Nicholaievna.
-Gran Duque Michael Alexandrovich, hermano del Zar, asesinado en julio de 1918 en Perm. El ultimo zar, técnicamente.
-Gran Duquesa Elizabeth Feodorovna, Princesa de Hesse, hermana de la zarina y viuda del tío del zar, el Gran Duque Sergei Alexandrovich, asesinado en 1905.
-Gran Duque Sergei Mikhailovich, primo del zar
-Principe Ioann Constantinovich, Principe Igor Constantinovich, Principe Constantine Constantinovich. Los tres principes eran hijos del difunto primo del zar, el difunto Gran Duque Constantine Constantinovich. Estos, junto con el príncipe Vladimir Pavlovich Paley, hijo del matrimonio morganático del Gran Duque Paul Alexandrovich, fueron arrojados a una mina en Alapaevsk en julio de 1918.
-Gran Duque Paul Alexandrovich, tío del zar
-Gran Duque Dmitri Constantinovich, primo del zar
-Gran Duque Nicholas Mikhailovich, primo del zar, junto con su hermano, el Gran Duque George Mikhailovich.Los cuatro fueron asesinados en la fortaleza de Pedro yu Pablo en Petrogrado en enero de 1919.

lunes, 21 de abril de 2008

LOS "ORLEÁNS-BORBÓN"




En la foto observamos a los Duques de Montpensier en todo su apogeo posando en su recien estrenado hogar en Sevilla, el Palacio de San Telmo.
Exiliados casi a la fuerza de Madrid por la Reina Isabel II, muchas son las malas lenguas que aseguran que gobernaron en la sombra durante muchos años del reinado de Isabel, hasta que ésta se dió cuenta de las verdaderas aspiraciones de su hermana y cuñado: usurpar el trono. Cuando fueron exiliados a Sevilla los "Orleáns-Borbón" se convirtieron en activistas de la Revolución de 1868, esperando con ansia ser nombrados Reyes de España. Pero un acontecimiento cambió sus vidas... El Duque de Montpensier decide batirse en duelo con su primo el Infante Don Enrique de Borbón para salvaguardar así su honor de las acusaciones que éste le hacía, esto costó al Infante su vida y al Duque el destierro y su aspiración al trono, ya que regresó a España cuando las principales batallas revolucionarias ya estaba libradas.

En la foto podemos observar en el centro S.A.R Don Antonio de Orleáns y Borbón-Dos Sicilias, Príncipe de Francia e Infante de España por matrimonio y a S.A.R Doña Luisa Fernanda de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, Infanta de España y Príncesa de Francia por matrimonio. Abajo podemos observar a sus dos hijas más preciadas, las Infantas Mª Isabel ( futura Condesa de París por su matrimonio con su primo carnal, Felipe de Orleáns) y Mª Mercedes ( futura Reina Consorte de España hasta su fallecimiento prematuro). Ala izquierda, en brazos de su aya se encuentra el Infante Don Antonio de Orleáns, futuro esposo de su prima carnal la Infanta Doña Eulalia de Borbón y Borbón.

Es curioso como Don Antonio fué hijo de Rey ( su padre era Luís Felipe I), padre de Reinas de hecho y de derecho, tio de Rey y sin saberlo acabó siendo tatarabuelo del Rey Don Juan Carlos I, sentando así a un descendiente suyo sobre el deseado y codiciado trono de España.

lunes, 7 de abril de 2008

"LA HIJA DEL KÁISER"



Con esta frase tituló su libro Victoria Luisa de Hohenzollern, Príncesa Imperial de Alemania y Real de Prusia. Única hija del Káiser Guillermo II y de la Príncesa Augusta Victoria de Schleswig-Hostein-Sodenburg-Augustenburg. Victoria Luisa fué criada en la estricta y rígida corte de Berlín siendo la niña de los ojos del Emperador consintiendole el más mínimo carpricho.

Fué este amor el que permitio que su padre accediera a que ella se casara con Ernesto Augusto de Hannover, enemigo del Emperador ya que el Káiser le robó durante la unificación alemana joyas de un incalculable valor, patrimonio y una fortuna mucho mas amplia que la que poseia la Casa Imperial de Alemania. Con el matrimonio de Victoria Luisa, su padre devolvió a los Hannover la mayoría del tesoro real incautado, incluyendo la magnifica diadema de diamantes, emblema principal de la Casa de Hannover.
Así por matrimonio, Victoria Luisa se convirtió en Príncesa heredera de Hannover, del Ducado de Brunswick, Príncesa de Gran Bretaña e Irlanda y Duquesa de Cumberland. La Duquesa de Brunswick (como todos la conocían) tuve que ver la caída del Imperio Alemán y el exilio de su família, y en le preiódo de entreguerras se convirtió en una de las más importantes activistas en contra del nazismo alemán, cuya acció la hizo muy popular en todo el Reich.
Pero su vida también estuvo llena de tiempos oscuros como la discusión por la herencia q ue la enfrentó con sus hijos, incluida su hija la Reina Federica de Grecia, madre de la Reina de España; esto le costó a Victoria Luisa no ser invitada a la boda de su nieta favorita...
La que hubiera podido ser Reina de Hannover o de Gran Bretaña de haber existido la ley sálica en dicho país, pasó el resto de su vida entre sus castillos de Alemania y Austria o en las propiedades de los Hohenzollern.
Toda la realeza la recuerda como la última gran dama de la Belle Époque (una época que sucumbió con el final de la Gran Guerra y su crisis posterior), una dama que lucía las joyas más soberbias y antiguas, como al tiara que luce hoy en día su nieta, la Reina de España, y que lució Letizia Ortiz el día de su boda.

domingo, 23 de marzo de 2008

LA MALDICIÓN DE LOS HABSBURGO-LORENA


En la foto vemos a la Príncesa Isabel de Baviera, más tarde Emperatriz de Austria al contraer matrimonio con su primo carnal, Francisco José I.
Muchos son los que aseguran que el cúmulo de desgarcias que asoló la CASA IMPERIAL DE LOS HABSBURGO-LORENA, tuvo su origen en este matrimonio, maldecido por la madre del emperador, la Archiduquesa Sofía, hermana de la madre de Isabel.
Desde el principio este matrimonio fué un tormento; Isabel mantuvo un debate interior entre sus deberes como Emperatriz y el libre albedrio; llegando a protagonizar huídas de palacio, discusiones acaloradas con su suegra y su cuñada: la Archiduquesa Carlota. Pero la gota que colmó el vaso fué cuando su suegra decide quitarle a su hija recién nacida para ocuparse ella de su educación;Sisi no dudó en hacer las maletas y regresar a Baviera hasta que la Archiduquesa Sofía abandonara el Palacio del Hofburg en Viena; finalmente Sofía le devolvió a la niña pero la historia acabó igualmente en tragedia durante una estancia en Hungria... Su suegra le había prohibido llevarse a la niña con ella debido a que se encontraba enfermo pero Isabel hizo caso omiso de aquel consejo y su hija murió al llegar a Hungria. La Archiduquesa Sofía siempre se lo recordó e Isabel nunca se lo pudo perdonar a ella misma.
A partir de se momento todo fueron infortunios en dicha familia, el suicidio del Archiduque Rodolofo, hijo de Isabel y Francisco José; la ejecución del hermano del Emperador en México; y la trágica muerte de la hermana pequeña de la Emperatriz, la Príncesa Sofía, Duquesa de Alençon por su matrimonio con un Orleáns. No obstante uno de los golpes más importantes para Isabel aún estaba por llegar; la misteriosa muerte de su primo el Rey Luís II de Baviera, Isabel intentó salvarlo de su confinamiento en le Castillo de Berg llegando incluso a planear su huída de la torre, pero el plan se detuvo por la inesperada muerte del prisonero demente. Isabel nunca se pudo perdonar el no haber hecho todo lo que estaba en su mano para salvarle.
Isabel pasó el resto de su vida viajando, no permaneciendo en la estricta corte vienesa más de dos meses seguidos. Y fué en uno de sus viajes a Ginebra en 1898 donde un anarquista decidió acabar con su vida clavandole un puñal en el vientre. Pero las desgracias de la dinastía no acabaron aquí ya que en 1914 es asesinado en Sarajevo el Archiduqe Francisco Fernando, Príncipe Heredero y sobrino del Emperador, lo que provovó la I Guerra Mundial; sólamente dos años más tarde fallecía Francisco José I dejando un Imperio caduco devastado por la guerra y dejando a la dinastia en una situación precaria.
El final de la I Gran Guerra supuso la caído de los Habsburgo-Lorena con su consecuente renuncia al trono, al patrimonio mueble etc Los miembros de la família que quisieron permanecer en Austria se les impuso la condición y humillación de renunciar al tratamiento de "Su Alteza Imperial y Real"

domingo, 16 de marzo de 2008

MARÍA " LA BRAVA", PASIÓN ANDALUZA


Así la llamaba su suegro, el Rey Don Alfonso XIII. Doña María Mercedes de Borbón-Dos Sicilias y de Orleans era Príncesa de las Dos Sicilias, Infanta de España, Príncesa de la Casa de Borbón y Reina de derecho de España( no de efecto) por su matrimonio con Don Juan de Borbón y Battenberg. Más popularmente conocida como la Condeesa de Barcelona y simplemente como la "madre del Rey", que es el título que más le gustaba y que le dieron los españoles. Ella misma decía, me gusta más el titulo que me ha otorgado el pueblo español que no todos los que tengo por nacimiento o matrimonio.
Doña María, como la llamban en familia, fué hija del Infante Don Carlos Tancredo y de su segunda esposa, Doña Luisa de Orleans. Nació en Madrid pero pronto su familia se trasladó a vivir a Sevilla, por cuya ciudad y gente cogió un gran cariño y amor; siempre decía que era sevillana y andaluza de adopción, por cuyas calles o campos se lo podía ver a menudo montando a caballo con su hermana la Infanta Doña Esperanza
Con la llegada de la República marcó al exilio con su familia aunque el gobierno les permitía quedarse sólo a ellos en el país. Años después se casó con su primo Don Juan de Borbón, hijo y heredero de Alfonso XIII. Las circunstancias del exilio y las tragedias de la família hicieron de la Condesa de Barcelona una mujer de carácter fuerte. En 1949, Franco no le dejó volver a España a tiempo para ver como uno de los hombres más importantes de su vida fallecía, su padre el Infante Don Carlos , esto nunca sería perdonado por la Condesa. Su hijo pequeño el Infante Don Alfonso moría en un accidente cona arma de fuego y su hija la Infanta Margarita había nacido ciega. Pero el problema más importante que María afrontó fué el enfrentamiento que surgío entre su mardio y su hijo cuando Franco nombró suceosr a Don Juan Carlos saltándose así al padre en la línea dinástica. Doña María fué la que le explicó a Don Juan la situación y que su hijo no había tenido alternativa, pero él se sentía traicionado por su propio hijo, lo que llevó a la Condesa a tener un debate interno entre el amor a su marido y el amor asu hijo.
Finalmente convenció a su marido para que abdicase a los derechos dinásticos en 1977 en un ceremonia intima en la Zarzuela al grito de " MAJESTAD! POR ESPAÑA, TODO POR ESPAÑA, VIVA ESPAÑA! Y VIVA EL REY!" En las imagenes de este acto vemos a una Doña María respirando tranquila ante la reconciliacíón dinástica y familiar que se acababa de producir.
Su marido murío en 1993 y el último discurso que dió fué en honor a ella por su amor hacia el,hacia sus hijo y por supuesto hacia España.
Podemos decir que es una de las últimas damas de una épca dorada. aunque en el exilio y puede presumir de ser hermana de la Emperatriz del Brasil, prima del Rey sin trono de Francia e hija del Rey de las Dos Sicilias en el exilio.

lunes, 3 de marzo de 2008

BORBONES...Y AMIGOS.

Seguramente a muchos no les sonará uno de los dos personajes de la fotografía. Uno esta claro, S.M Don Juan Carlos I, y el otro es su primo carnal S.A.R Don Carlos de Borbón-Dos Sicilias, Infante de España, Príncipe de las Dos Sicilias y Duque de Calabria.
Ambos descienden de Carlos III de España, don Juan Carlos I por la línea de Carlos IV, y el Infante Don Carlos por la línea de Fernando I, Rey de las Dos Sicilias (hermano de Carlos IV).
Pero da la casualidad que ambos descienden también del Rey Don Alfonso XII. Éste tuvo tres hijos: la Príncesa de Asturias María Mercedes de Borbón, la Infanta María Teresa de Borbón, y don Alfonso XIII del cual desciende Don Juan Carlos I.
La hija mayor de Don Alfonso XII se casó con Don Carlos Tancredo de Borbón, Príncipe de las Dos Sicilias y nieto de Fernando II de las Dos Sicilias; de este matrimonio nacieron tres hijos uno de ellos es el padre del Infante Don Carlos, Don Alfonso casado con Doña Alicia de Borbón-Parma.
Pero la Príncesa de Asturias murió poco después de dar a luz a su tercer hijo, y Don Carlos Tancredo se volvió a casar con una príncesa francesa: Luisa de Orleáns, de este matrimonio nace la madre del actual Rey de España: Maria Mercedes de Borbón-Dos Sicilias y Orleáns, Infanta de España y Príncesa de las Dos Sicilias. Así la madre del Rey y el difunto padre del Infante Don Carlos son hermanos por parte de padre y sus hijos primos carnales.
En 1994 S.M Don Juan Carlos I le concedió a Don Carlos y a su madre doña Alicia la dignidad de Infantes de España por representar a la dinastía de las Dos Sicilias, por representar la línea de Alfonso XII, y por ser primos carnales. Con este gesto el Rey dejó claras sus preferencias por uno de los dos pretendientes al desgraciadamente abolido REINO DE LAS DOS SICILIAS, decantándose evidentemente por su primo y dejando en ridiculo delante del resto de cortes europeas al otro pretendiente.
Don Juan Carlos y Don Carlos son amigos de infancia, estudiaron juntos en España en la época de Franco y han compartido las desdichas del exilio durante la República y el Régimen Franquista, siendo Don Carlos su más fiel amigo y consejero en los momentos más cruciales e importantes de la vida de Su Majestad. Es por eso que he querido rendirle homenajes a este Príncipe de las Dos Sicilias, Duque de Calabria, Conde de Caserta, e Infante de España